lunes, agosto 18, 2008

QUÉ LAS PARIÓ!!!



Belleza, acrobacia, fortaleza mental, gracia, espíritu y grandeza a pesar de su pequeño tamaño. La perfección, en resúmen. El espectáculo más vistoso de los Juegos Olímpicos, y en esto coincido con Mario Uberti, es la gimnasia de piso femenina. Rutinas musicalizadas de no más de dos minutos, donde las mejores gimnastas del mundo nos muestran, algunas con sus jóvenes 16 años, lo maravilloso que puede ofrecer el ser humano tan sólo con su cuerpo en una superficie de 10 metros cuadrados. En este caso de Beijing 2008, la final de dicho ejercicio de piso, en categoría individual, tuvo una historia de película. A la final llegaron las 8 mejores. La última clasificada fue la rumana (Yo siempre hincha de ellas) Sandra Izbasa. Arranca la final y la campeona del mundo el año anterior, la jóven Shawn Johnson, la descoce. Marca 15, 500 (ahora el máximo subió a 18) y nadie la baja. Pasó la rusa Pavlova, la china Yeng y entre alguna resbaladita que otra nadie superaba a la número uno. Penúltima fue su compatriota Nastia Liukin, que brilló pero consiguió un 15, 350 que la llevaba al segundo escalón del podio. Quedaba la rumana, con buenos antecedentes pero para nada favorita. Era la última, toda la atención del monumental Gimnasio de Beijing y del los televidentes del mundo estaba depositada en ella. Sandra la rompió. Fue puro talento y creatividad. Incluso en la última caída se apoyó con los pies cruzados cual bailarina de ballet. Hermosa, tremenda, Oro Olímpico. El himno , que nos lo desplazó Chaucescu en su dictadura. La famosa "Marsellesa rumana" que emocionaba mientras la bandera se alzaba por encima de sendos pabellones norteamericanos. Los ojos de Izbasa eran dos cristales. Gracias por tanto Sandra. Aguante Rumania y la gimnasia olímpica. Otra irreprochable demostración de que el deporte es el mejor invento de la historia.