viernes, julio 25, 2008

SIN PALABRAS



Post corto. Sólo para dejarlo marcado en el tiempo. A tan sólo días de haber celebrado los 58 años de la Leyenda de Maracaná, un acontecimiento nos congela el corazón. O no sé como explicarlo. Porque no duele. Es como una sensación de vacío. Alcides Ghiggia, autor del segundo gol en la final del'50 frente a Brasil, puso en remate un premio que le regaló la FIFA hace dos años en Alemania para poder comprarse una casa. Ídolo sin tiempo, gloria celeste, a los 80 años y por pedido de expreso de él al BROU, quiso que el Golden Foot que le entregaron por su trayectoria se venda al mejor postor. Y así fue, por poco más de 500.000 pesos (el precio base) la pieza fue adquirida por el Banco, y al menos va a ser donada al Museo del Fútbol de la Torre Olímpica. ¿Era necesario que hiciera esto, más allá del valor, para poder tener su propio techo? ¿Qué esperó el estado para darle una gratitud mínima a los últimos campeones mundiales que vamos a tener en la historia?


"En un país pequeño como el Uruguay, el ídolo termina en una feria, mordiendo como un perro desnutrido, vendiendo su ropa por miserias" (Sebastián Rivero)

No hay comentarios.: