sábado, enero 11, 2014

NOCHE DE LUNA

Llena de amores, de miel, de cartón, dibujada con una tiza. Infinidad de poetas la han querido conquistar con sus piropos, y ella sigue ahí, brillante, candente, irresistible. Espía de balcones, silenciosa compañera de las madrugadas más encantadoras. ¿Quién hay que no inspires? ¿Qué hay que no ilumines? Redonda y pura, hermosamente única. Luna, lunaza..

Vos me podés más que ninguna. Con tus párpados cerrados, con tu sonrisa siempre a punto de esbozarse. Sos la cuna de los indescifrables sonidos del campo. De los llantos escondidos, los gemidos de la alta noche, los suspiros que se apagan. Un millar de grillos embriagados te agradecen eterna y diariamente, elevando una sinfonía dedicada en exclusiva.

Se ha visto a locos duendes correteandote por las cornisas. En tu enorme espejo, sombras de ET y Papá Noel se han proyectado. Algunos dicen, que una vez el hombre llegó a posar un pie sobre vos hace más de 40 años. Lo único seguro, es que te robas las miradas del mundo. De los hombres, las mujeres, los niños. Inspiradora y serena. Reina de las noches más divinas. La ropa tendida de cada azotea, es testigo fiel de tus andanzas. Hoy mi copa se alza y se derrama por vos, con un beso sabor a la nostalgia de las veces que miro al cielo y no estás. Luna, lunaza.

martes, enero 07, 2014

UN CAMINO DEMASIADO LARGO

Sin atajos, sin concesiones. Casi sin la posibilidad de tomarse un descanso al costado de él. Lleno de obstáculos, habrá inevitablemente además, pinchaduras, roturas y hasta explosiones. Carrera de relojes infernales que mueven sus agujas ligeramente frente a uno, aunque la "competencia" no requiera de tiempos ni registros. Espejos habrá muchos, pero solo uno es el que vale. Descubrirlo, es el primer y mejor GPS para afrontar este camino. Ni el historial completo de las etapas del Dakar es tan extenso. Ni el debut de un principiante en alpinismo extremo es tan duro. Ni la vuelta al mundo, al menos en ochenta días, resultará tan agotadora...

En el medio se darán una cantidad de imprevistos. Lo asegura sin pudor el que vendió los pasajes, afirmando también, que no hay garantías ni devolución. Se habla de un manual para recorrerlo, pero nadie nunca lo vio ni lo tuvo en sus manos. A tientas, se atravesarán noches frías y tardes calurosas. Subidas de arroyos, puentes en mal estado y por supuesto, la aparición fugaz de algún elemento de la fauna autóctona. Ese que sin explicación ni motivo, se quedará parado allí, delante nuestro, impávido ante las bocinas y los reproches. Pero como todo obstáculo, tarde o temprano, deja de serlo. Como toda tormenta... siempre que llovió, paró. Como todo nudo, sino logramos desatarlo, lo terminamos cortando..

Tanta precaución, parece pintar al camino como tortuoso, pero no es tan así. Dificultades miles sí, que no lo terminan de asemejar a un túnel plagado de penurias. De luces y sombras justamente, está hecho el mismo y ahí vuelve el espejo antes mencionado. El saber ubicarlo de la mejor manera y en el momento exacto, iluminará nuestro tránsito sobre él. La velocidad es cambiante por completo, tanto que ni los propios profetas han sabido regularla. Casi todos, al comienzo van al máximo, despeinándose felices (o ingenuos) al viento. Casi todos también, ya con largo kilometraje encima, van retirando suavemente el pie del acelerador, como a su vez, alejan lentamente una mano del volante, teniendo (o creyendo tener) la situación dominada...

Seguramente y sin seguramente, haya cientos de detalles más, de los cuales tendría que advertirles. Pero no. Hasta los viejos sabios, más allá de tirarnos con guiño cómplice, sus "consejos de viajero" cada tanto, siempre dejan librado al azar nuestro trayecto. Repiten solo una cosa: - no hay señalización... nunca. Así entonces, andaremos a los volantazos en cada curva, en cada recta monótona cuasi eterna, en cada frágil patinada que pareciera desmoronarnos por completo, como cuando da la sensación que te caes de una cucheta, despertás de golpe y seguís tan horizontal como un difunto. Precisamente, algunos me preguntaron si ese camino es la muerte, o los tramos finales hacia ella. Otros dieron por hecho que hablaba de la vida. Les dije que no tenía idea. Que simplemente estaba jugando a ser co piloto de quien sabe quien, armando una falsa hoja de ruta, apostando sí, a una metal final visible, alcanzable, reconfortable. Demasiado largo. Mejor. La brevedad está en otras cosas, pero no en este camino. Acá no.

LA MÚSICA DE TODOS

Alguno dijo por ahí que la autoría por la composición de músicas es algo ciertamente injusto. Más allá de amparar los derechos a ser remunerados, esta persona refería a que la música, o determinada canción para el caso, no es una creación de tal o cual, ya que aseguraba que la música es de todos. Que está ahí, en el aire, esperando que los artistas las capturen en sus imaginarios medio mundos, y las bajen a tierra, a través de sus guitarras, de sus papeles, de sus tambores.

Esa "injusticia" puede tener algo de razón de ser, pero vaya que sería de nuestras vidas sin los musicantes que llevan hacia los oídos, toda esa armonía casi imperceptible que anda en la vuelta, ante nuestras ciegas orejas. Yo prefiero entonces, a los "autores", llamarlos motores. Interminables motores de tracción humana que día a día generan la revolución del arte. Los que se desvelan descascarando una melodía y hurgando en nuevas rimas. Los que sufren y gozan, mientras buscan pacientemente dar con el tono o la palabra justa. Como si fuera un dardo invisible, lanzado una y mil veces desde diferentes distancias y ángulos, hasta que finalmente, da en el centro del blanco.

Filarmónicas de barrio, fogones en campamentos, cantores en los ómnibus, llamadas de domingo. Trompetistas, timbaleros, violinistas, millones más. De los ranchos a la playa. Desde el campo a la colina. Están ahí, en un permanente ensayo y error. En un constante concierto gratuito frente a la vida. El pentagrama es demasiado grande como para encajar en un simple atril. Pero el corazón de cada músico, da lugar y sobra, para recibir y convertir todas esas musas que andan sueltas, en las más maravillosas tonadas. Las que le ponen una imprescindible escenografía a nuestras vidas. ¿Porqué? Porque la música es de todos..