martes, enero 07, 2014

LA MÚSICA DE TODOS

Alguno dijo por ahí que la autoría por la composición de músicas es algo ciertamente injusto. Más allá de amparar los derechos a ser remunerados, esta persona refería a que la música, o determinada canción para el caso, no es una creación de tal o cual, ya que aseguraba que la música es de todos. Que está ahí, en el aire, esperando que los artistas las capturen en sus imaginarios medio mundos, y las bajen a tierra, a través de sus guitarras, de sus papeles, de sus tambores.

Esa "injusticia" puede tener algo de razón de ser, pero vaya que sería de nuestras vidas sin los musicantes que llevan hacia los oídos, toda esa armonía casi imperceptible que anda en la vuelta, ante nuestras ciegas orejas. Yo prefiero entonces, a los "autores", llamarlos motores. Interminables motores de tracción humana que día a día generan la revolución del arte. Los que se desvelan descascarando una melodía y hurgando en nuevas rimas. Los que sufren y gozan, mientras buscan pacientemente dar con el tono o la palabra justa. Como si fuera un dardo invisible, lanzado una y mil veces desde diferentes distancias y ángulos, hasta que finalmente, da en el centro del blanco.

Filarmónicas de barrio, fogones en campamentos, cantores en los ómnibus, llamadas de domingo. Trompetistas, timbaleros, violinistas, millones más. De los ranchos a la playa. Desde el campo a la colina. Están ahí, en un permanente ensayo y error. En un constante concierto gratuito frente a la vida. El pentagrama es demasiado grande como para encajar en un simple atril. Pero el corazón de cada músico, da lugar y sobra, para recibir y convertir todas esas musas que andan sueltas, en las más maravillosas tonadas. Las que le ponen una imprescindible escenografía a nuestras vidas. ¿Porqué? Porque la música es de todos..

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