martes, enero 07, 2014

UN CAMINO DEMASIADO LARGO

Sin atajos, sin concesiones. Casi sin la posibilidad de tomarse un descanso al costado de él. Lleno de obstáculos, habrá inevitablemente además, pinchaduras, roturas y hasta explosiones. Carrera de relojes infernales que mueven sus agujas ligeramente frente a uno, aunque la "competencia" no requiera de tiempos ni registros. Espejos habrá muchos, pero solo uno es el que vale. Descubrirlo, es el primer y mejor GPS para afrontar este camino. Ni el historial completo de las etapas del Dakar es tan extenso. Ni el debut de un principiante en alpinismo extremo es tan duro. Ni la vuelta al mundo, al menos en ochenta días, resultará tan agotadora...

En el medio se darán una cantidad de imprevistos. Lo asegura sin pudor el que vendió los pasajes, afirmando también, que no hay garantías ni devolución. Se habla de un manual para recorrerlo, pero nadie nunca lo vio ni lo tuvo en sus manos. A tientas, se atravesarán noches frías y tardes calurosas. Subidas de arroyos, puentes en mal estado y por supuesto, la aparición fugaz de algún elemento de la fauna autóctona. Ese que sin explicación ni motivo, se quedará parado allí, delante nuestro, impávido ante las bocinas y los reproches. Pero como todo obstáculo, tarde o temprano, deja de serlo. Como toda tormenta... siempre que llovió, paró. Como todo nudo, sino logramos desatarlo, lo terminamos cortando..

Tanta precaución, parece pintar al camino como tortuoso, pero no es tan así. Dificultades miles sí, que no lo terminan de asemejar a un túnel plagado de penurias. De luces y sombras justamente, está hecho el mismo y ahí vuelve el espejo antes mencionado. El saber ubicarlo de la mejor manera y en el momento exacto, iluminará nuestro tránsito sobre él. La velocidad es cambiante por completo, tanto que ni los propios profetas han sabido regularla. Casi todos, al comienzo van al máximo, despeinándose felices (o ingenuos) al viento. Casi todos también, ya con largo kilometraje encima, van retirando suavemente el pie del acelerador, como a su vez, alejan lentamente una mano del volante, teniendo (o creyendo tener) la situación dominada...

Seguramente y sin seguramente, haya cientos de detalles más, de los cuales tendría que advertirles. Pero no. Hasta los viejos sabios, más allá de tirarnos con guiño cómplice, sus "consejos de viajero" cada tanto, siempre dejan librado al azar nuestro trayecto. Repiten solo una cosa: - no hay señalización... nunca. Así entonces, andaremos a los volantazos en cada curva, en cada recta monótona cuasi eterna, en cada frágil patinada que pareciera desmoronarnos por completo, como cuando da la sensación que te caes de una cucheta, despertás de golpe y seguís tan horizontal como un difunto. Precisamente, algunos me preguntaron si ese camino es la muerte, o los tramos finales hacia ella. Otros dieron por hecho que hablaba de la vida. Les dije que no tenía idea. Que simplemente estaba jugando a ser co piloto de quien sabe quien, armando una falsa hoja de ruta, apostando sí, a una metal final visible, alcanzable, reconfortable. Demasiado largo. Mejor. La brevedad está en otras cosas, pero no en este camino. Acá no.

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